A la hora de manejar nuestras finanzas personales hay una serie de reglas básicas que se repiten de forma constante como por ejemplo crear un presupuesto o terminar con las deudas. Existen innumerables formulas para lograr estos objetivos y, en definitiva, ahorrar.

Sólo hace falta ver el número de llamados gurús en la materia: casi no habría tiempo físico para leerlos a todos y eso que se trata de un colectivo en aumento. Al final, casi todas las metodologías comparten acciones o recomendaciones concretas. De hecho, es relativamente complicado encontrar novedades en este mundo donde prácticamente todo está inventado, desde el gran ahorro hasta los pequeños detalles.

Al final, cada uno de estos gurús aporta su granito de arena para que podamos crear nuestro propio sistema, adaptado a nuestras necesidades, costumbres, circunstancias… pero sobre todo a nuestra personalidad y nuestro estilo de vida. Sin embargo, si hay metodologías y consejos que se repiten hasta la saciedad (algo así como la base del control financiero), también hay otros menos comunes y más peregrinos. En Estados Unidos, el país donde mayor conciencia social existe hacia el ahorro, incluso elaboran ránkings con estas fórmulas alternativas para ahorrar dinero. Salvando las diferencias sociales, hay algunos de estos consejos que se sí pueden ser útiles en España. Ahí van:

1- Fijar una cifra crítica y tratar de superarla

En el caso estadounidense el número mágico son los 100.000 dólares (esta cantidad se refiere al plan de pensiones), aunque para los españoles quizás sea mejor fijar una cifra algo más razonable y no 100.000 euros. En cualquier caso, se trata de algo parecido al dicho de que una vez se consigue el primer millón el segundo es más fácil. Básicamente es cuestión de buscar objetivo asequibles y significativos que actúen como revulsivo una vez se logran.

2- No fijar objetivos generales. Ahorra para mejorar tu vida

Un consejo muy de acuerdo con la mentalidad estadounidense pero que también se puede aplicar en Europa. Generalmente cuando ahorramos lo hacemos para ganar en seguridad y porque “es lo que hay que hacer como personas responsables”. Sin embargo, este tipo de planteamientos generalistas no suelen ser la mejor forma de motivarnos y en ocasiones tampoco de sacar el mayor partido desde a nuestro capital desde un punto de vista psicológico. La otra opción consiste en ahorrar para realizar pequeñas compras (o no tan pequeñas como un viaje). Es decir, aumentar la cantidad de objetivos, aunque no sean tan grandes y significativos, porque eso nos permitirá estar más centrados y conservar la energía ahorradora.

3- Crear objetivos personales de ahorro

Aunque muy parecido al anterior, en este caso se trata de sacar el máximo partido a la psicología del ahorro. Es decir, cuanto más se desea lograr un objetivo concreto, mayores son los esfuerzos que se está dispuesto a realizar y sobre todo, más sencillo será mantener una disciplina de ahorro. Y es que las emociones pueden ser uno de los peores enemigos del control financiero, pero también un gran aliado.

4- La regla del 25

Uno de los primeros argumentos que se utiliza para dejar de fumar es el gasto anual que supone comprar por ejemplo un paquete de tabaco al día (cerca de 1.300 euros dependiendo de la marca). Esta fórmula también puede servir para mejorar nuestro hábitos de consumo, sólo que como en este caso estamos buscando la libertad financiera, habría que multiplicar el coste anual por 25 (ó 30 ó 35 en función de la edad de cada persona) para determinar cuánto dinero será necesario para mantener un determinado estilo de vida.

5- Traducir los gastos en horas de trabajo

Siguiendo con los trucos para dominar nuestra mente consumista. Este consejo parte de la base de que el dinero en sí puede no significar nada, pero la cosa cambia cuando se traduce a horas de trabajo. En el fondo es como convertirse en tu propio empresario personal, que determina cuánto ganará. Así, en lugar de 50 euros, una chaqueta puede costar una hora de trabajo. Esta forma de enfocar los gastos puede ayudar a reducir el consumo y en cualquier caso sirve para tener una medida de lo que realmente cuestan las cosas si hacemos bueno el dicho de que “el tiempo eso oro”.

6- Fijar objetivos a corto plazo

La mente humana no está hecha para pensar a largo plazo. Es más fácil perder el interés, la concentración y la disciplina en tareas sin un objetivo cercano y tangible. El remedio, definir metas a corto plazo complementarias a la de lograr la libertad financiera o la jubilación deseada.

7- No te pagues a ti el primero, sino el último

Esta sí supone un verdadero ‘sacrilegio’ en términos financieros, ya que implica romper el mito de pagarse a uno mismo en primer lugar, es decir, en primer lugar dedicar una parte de los ingresos al plan de ahorro o lo que se conoce como ahorrar de forma automática. Aunque muy útil y extendido, este sistema tiene sus puntos débiles. El más importante es que incita a no pensar demasiado en el dinero y a recortar los gastos por encima de lo deseable en muchas ocasiones. De hecho, el objetivo de las finanzas personales es tomar las mejores opciones en cada momento y puede haber periodos u ocasiones en que el gasto de más beneficios que el ahorro.

8- Sólo se puede ahorrar una parte de los ingresos.

Por norma no se puede ahorrar más de un 10-15% de los ingresos, sobre todo si se cuenta con una hipoteca u otros préstamos personales. Por eso, conviene evaluar cada compra en términos totales. Es decir, tomar un café especial de 2,5 euros puede no parecer un gasto excesivo para una persona con un sueldo de 30.000 euros anuales (por ejemplo), pero si esto se traslada al coste anual nos encontramos con más de 1.000 euros en café. Para una persona que sea capaz de ahorrar un 10% de esos ingresos (3.000 euros), el gasto en café supone más de un tercio de lo que ahorra. Conclusión, eliminando ese hábito o transformándolo en uno más asequible podría ahorrar un 25% más.

Estos ejemplos son la mejor forma de ver cómo en el mundo de las finanzas personales apenas hay reglas estrictas. Cada persona debe buscar el método que mejor se adapta a sus características. Así, para un consumidor compulsivo el ‘ahorro automático’ siempre será la mejor opción, mientras que los ahorradores más disciplinados podrán jugar con más opciones. Al final, todo vale siempre que se consiga el objetivo de gastar ‘con cabeza’.

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